Porque, sí, hubo un tiempo en que mis Garmin eran el centro de todo. Aún sabiendo que, en el fondo, lo que vale es el tiempo que acredite el organizador (vía chip), el primer gesto, milímetros antes de cruzar la línea de meta, era el de alzar la muñeca y detener el crono. Nada había que importara más en aquel preciso instante.
Y todo ello para poder conseguir arrancar, ni que fuera un segundo, el mejor tiempo que tenías hasta entonces, que iba rellenando las casillas MMP por distancia. En mi caso, son las del cuadro que véis aquí abajo.
Para muestra de ello, la CORREBARRI, que dejó para el recuerdo mi alunizaje sobre la alfombra: estando ya casi a punto de darme de bruces, no saqué las manos para amortiguar el golpe, no; lo que hice justo antes de darme el gran tortazo, en lo único que pensé, fue en pulsar el botón de mi Garmin para detener el crono, supongo que porque creía que iba a hacer marca personal y lo quería tener en mi historial (foto abajo)
