Como casi siempre, nada es por casualidad.
Es alucinante que Marc Márquez pueda adivinar de qué circuitos del mundial de motociclismo se trata con tan solo escuchar el sonido deL motor de su moto circulando por ello. Dice mucho de la profesionalidad de este monstruo sobre dos ruedas.
Y es que para correr a las velocidades que corre tiene que conocerse el circuito cono si lo hubiera parido él mismo. Debe tenerlo memorizado, interiorizado milímetro a milímetro... porque a esas velocidades no hay tiempo de averiguar "por dónde se va". Y eso lo convierte casi en un autómata con manillar, solo que no lo es: es un ser humano, cercano, nada endiosado. Lo que ocurre es que cuando este simpatiquísimo cerverino se sube a su montura... ¡se transforma!
Recuerdo que, antes de Marc Márquez, los pilotos de Moto GP (y también de las demás cilindradas) llevaban rodilleras, para proteger del "plegado", de la inclinación de sus motos en las curvas, sus rodillas. Con el pilotaje de Marc, con sus inclinaciones vertiginosas casi al límite (o sin el "casi"), vi aparecer las primeras coderas, porque ahora ya había que proteger también los codos. Y siguiendo con el aumento del ángulo de inclnación, aparecieron las primeras hombreras, porque ya empezaba a ser el hombro el que rozaba el asfalto. Ya solo nos queda por ver "la casquera", pues a este ritmo, Marc acabará apoyándose en su cabeza contra el asfalto para lograr un mayor grado de inclinación al acometer las curvas.
¿Que se va a ir al suelo?. Es posible; tan posible como imposible parece poder ver una moto cayendo en una curva, tras una "plegada" imposible (68º)... y que el piloto logre levantarla... y seguir. Ese piloto no podía ser otro que el gran marc Márquez, que lo que hizo, con la moto ya en el suelo, arrastrándose sobre el asfalto, fue... ¡abrir gas a tope!... y seguir.
Y es que es un genio.